-LUKE (cantinero): Escucha, estás aquí día y noche. No haces otra cosa más que estar sentado y darle a la botella.
-JOVEN (Chinaski): Ya.
-LUKE: Vale, mira, yo no quiero herirte ni nada de eso, pero es posible que esta mierda no te conduzca a nada.
-JOVEN: Está bien, Luke, no te preocupes por mí. Tú dedícate a servírmelas.
-LUKE: Claro, chico, pero ¿no hay nada en la vida que te importe?
-JOVEN: Oye, Luke, ¿sabes éste? ¿En qué se diferencian el culo de un pollo y el culo de un conejo?
-LUKE: No tengo ganas de oír chistes, tío. Lo que yo quiero saber es si hay alguna cosa que te importe.
-JOVEN: Está bien, mierda. Yo estaba en sexto curso, creo. La profesora nos pidió que escribiéramos algo sobre la experiencia que más nos hubiera cambiado. Y no me estoy refiriendo a cambiarnos de piso.
-LUKE: Ya.
-JOVEN: De todos modos, escribí sobre aquella rana que encontré en el jardín. Se le había quedado una pata en una valla de alambre. No podía soltarse. Le saqué la pata de la valla de alambre, pero seguía sin moverse.
-LUKE (bostezando): ¿Ah, sí?
-JOVEN: Así que me la puse en las rodillas y le hablé. Le dije que estaba atrapado, que también mi vida estaba cogida por algo. Le hablé durante mucho rato. Al final saltó de mis rodillas y se fue saltando por la hierba y desapareció en algún arbusto. Y me dije que aquella rana era lo primero que había echado de menos en toda mi vida.
-LUKE: ¿Ah, sí?
-JOVEN: La profesora lo leyó en clase. Todos lloraron.
-LUKE: Ya. ¿Y qué?
-JOVEN: Bueno, pensé que algún día podía ser escritor.
-LUKE (inclinándose hacia adelante): Chico, ¡tú estás loco!
BUKOWSKI
-JOVEN (Chinaski): Ya.
-LUKE: Vale, mira, yo no quiero herirte ni nada de eso, pero es posible que esta mierda no te conduzca a nada.
-JOVEN: Está bien, Luke, no te preocupes por mí. Tú dedícate a servírmelas.
-LUKE: Claro, chico, pero ¿no hay nada en la vida que te importe?
-JOVEN: Oye, Luke, ¿sabes éste? ¿En qué se diferencian el culo de un pollo y el culo de un conejo?
-LUKE: No tengo ganas de oír chistes, tío. Lo que yo quiero saber es si hay alguna cosa que te importe.
-JOVEN: Está bien, mierda. Yo estaba en sexto curso, creo. La profesora nos pidió que escribiéramos algo sobre la experiencia que más nos hubiera cambiado. Y no me estoy refiriendo a cambiarnos de piso.
-LUKE: Ya.
-JOVEN: De todos modos, escribí sobre aquella rana que encontré en el jardín. Se le había quedado una pata en una valla de alambre. No podía soltarse. Le saqué la pata de la valla de alambre, pero seguía sin moverse.
-LUKE (bostezando): ¿Ah, sí?
-JOVEN: Así que me la puse en las rodillas y le hablé. Le dije que estaba atrapado, que también mi vida estaba cogida por algo. Le hablé durante mucho rato. Al final saltó de mis rodillas y se fue saltando por la hierba y desapareció en algún arbusto. Y me dije que aquella rana era lo primero que había echado de menos en toda mi vida.
-LUKE: ¿Ah, sí?
-JOVEN: La profesora lo leyó en clase. Todos lloraron.
-LUKE: Ya. ¿Y qué?
-JOVEN: Bueno, pensé que algún día podía ser escritor.
-LUKE (inclinándose hacia adelante): Chico, ¡tú estás loco!
BUKOWSKI
"I saw the best minds of my generation destroyed by
madness, starving hysterical naked,
dragging themselves through the negro streets at dawn
looking for an angry fix..."
Allen Ginsberg
Aullido
"Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,
arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo,
hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna..."
Allen Ginsberg
madness, starving hysterical naked,
dragging themselves through the negro streets at dawn
looking for an angry fix..."
Allen Ginsberg
Aullido
"Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas,
arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo,
hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna..."
Allen Ginsberg
De a poco se empieza a sentir el frío, me siento a escribir y se me presenta una imagen. Me toma unos momentos alejarla y cuando creo que lo logro me invade cierta sensación de familiaridad. Conozco el sentimiento a grandes rasgos y tengo la sospecha de que estoy atrapada.
El calor del fuego y el humo van llenando la habitación. Ahí está de nuevo. Es un hecho, imposible huir.
Trato de recordar algún posible comienzo, el día en que se escribió todo. Pero el pasado se presenta en forma abstracta hasta perderse en una nebulosa. ¿Es el pasado el que trato de recordar? Porque hoy el todo es el presente. Un presente impetuoso, irritante, exuberante, incitante y lleno. Lleno de esa imagen. Plagado de huellas.
Con violencia la figura borra todo el pasado, aplaca el fuego y hace escapar el humo. Hace frío y está sólo ella. Pero con ella ahí no necesito el calor del fuego, ni la taza de café, ni la hoja en la que escribo. Es como si me ahogara en cierta comodidad placentera. No tiene sentido, pero otra vez, cuál es el sentido de la adoración a esa imagen. Esa que me acecha en silencio, en un cuarto que volvió a ser tibio y que reclama su presencia.
El calor del fuego y el humo van llenando la habitación. Ahí está de nuevo. Es un hecho, imposible huir.
Trato de recordar algún posible comienzo, el día en que se escribió todo. Pero el pasado se presenta en forma abstracta hasta perderse en una nebulosa. ¿Es el pasado el que trato de recordar? Porque hoy el todo es el presente. Un presente impetuoso, irritante, exuberante, incitante y lleno. Lleno de esa imagen. Plagado de huellas.
Con violencia la figura borra todo el pasado, aplaca el fuego y hace escapar el humo. Hace frío y está sólo ella. Pero con ella ahí no necesito el calor del fuego, ni la taza de café, ni la hoja en la que escribo. Es como si me ahogara en cierta comodidad placentera. No tiene sentido, pero otra vez, cuál es el sentido de la adoración a esa imagen. Esa que me acecha en silencio, en un cuarto que volvió a ser tibio y que reclama su presencia.

Educación Sentimental por Osvaldo Soriano (Fragmento)
(...) El día que nací había un gato esperando al otro lado de la puerta. Mi padre fumaba en Mar del Plata, en el patio. Mi madre dice que fue un parto difícil, a las cuatro y veinte de la tarde de un día de verano. El sol rajaba la tierra. Los jóvenes Borges y Bioy Casares paraban cerca de ahí, en Los Troncos alucinando las historias de don Isidro Parodi. A Borges lo seguían los gatos. En una de sus fotos más hermosas está junto a María Kodama, que tiene uno en brazos; Borges lo acaricia como a un amigo.
A mi un gato me trajo la solución para Triste, solitario y final. Un negro de mirada contundente, muy parecido a Taki, la gata de Chandler. Otro, el negro Veni, me acompañó en el exilio y murió en Buenos Aires. Hubo uno llamado Peteco que me sacó de muchos apuros en los días en que escribía A sus plantas rendido un Ieón. Viví con una chica alérgica a los gatos y al poco tiempo nos separamos. En París, mientras trabajaba en El ojo de la patria, en un quinto piso inaccesible, se me apareció un gato equilibrista caminando por la canaleta del desagüe. Para sentirme más seguro de mi mismo puse un gato negro al comienzo y uno colorado al final de Una sombra ya pronto serás.
Para decirlo mal y pronto: hay gatos en todas mis novelas. Soy uno de ellos perezoso y distante. Aunque nunca aprendí la sutileza de la especie. Ahora mismo, una de mis gatas se lava las manos acostada sobre el teclado y tengo que apartarla con suavidad Para seguir escribiendo. Hace cinco meses que no prendemos un cigarrillo. Juntos sufrimos el vejamen de la abstinencia y !a vida limpia. Hace unos meses esta habitación era un quemadero de fragancias maravillosas. Tabacos de la Argentina, de Cuba y de Holanda, ya no; resignamos algo de la utilería que compone a los duros: cigarrillos, sombrero, impermeable, el revolver de juguete. Los fantásticos vampiros de Matheson; entre los que estaban Laurel y Hardy y el realismo romántico de Chandler, sobreviven a las modas y las vanguardias porque el lector quiere verse ahí en sangre de papel. Necesita leer sus miedos. Con eso Stephen King escribe ahora una obra excesiva e inquietante. En uno de sus libros, un personaje acusa de plagiario al narrador, le mata el gato y se lo deja frente a la puerta. Es un momento insoportable en la literatura de terror. Algo cercano a los escalofriantes efectos de H.P. Lovecraft. Todos los escritores con corazón se han ganado un gato que los sigue y los protege. Tal vez el de Gibbins, cercado por el fuego, le haya pedido auxilio en nombre de los gatos inspiradores: el del Dante, el de Baudelaire, el de Lewis Carrol, el de Borges. Y ahí fue el director de pobres películas, a purificarse en el incendio y cumplir con el ritual de todos los demonios.
Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo. No es posible usar al gato para nada personal, no hay manera de privatizarlos. En La noche americana, Francois Truffaut aconseja a las realizadores de cine no meterse jamás con un gato en acción. También me lo dijo Hector Olivera a la hora de escribir el guión de Una sombra ya pronto serás. ¿Cómo hacer para que dos gatos de cine interpreten disciplinadamente a los que aparecen en la novela? Yo los puse en el libreto nada más que para aplacar mis miedos. Con una sonrisa; Olivera me dijo que estaba loco: un gato actor, el negro, tendría que seguir al personaje de Miguel Angel SoIá, lavarse a su lado comerse una laucha y echarse a dormir. El otro un colorado, aparece al final, poco después que Pepe Soriano, el Coluccini de la película, haya tenido una charla con Dios. Olivera decidió que no hubiera gatos, pero creo que estoy a tiempo de convencerlo de que ponga al menos una silueta. Cuando hablábamos de eso, todavía Gibbins no se había arrojado al incendio. Yo creía, Dios me perdone, que Matheson se había muerto de viejo. Pero no: allí estaba, peleando frente al fuego, apartando maderas en llamas, abriendo un camino para que su gato pudiera escapar con él. En el revoltijo alcanzó a salvar una carpeta con su último manuscrito. Es que siempre cuando uno rescata un manuscrito, hay un gato adentro.
Cuando yo era chico mi gato Pulqui era mono, león, pirata y bandolero. Yo lo acechaba entre las plantas del jardín y me le tiraba encima con el cuchillo de madera entre los dientes. Ahora mi hijo combate contra la gata Virgula que le devuelve los golpes. Son arañazos de mentira, en un revoltijo de sillas volteadas y malvones floridos. Las suyas, como las mías antes, son fantasías de selvas y mares, de castillos y mosqueteros. Esos años felices e irrecuperables en los que uno aprende, si aprende algo, que los gatos nos traen a domicilio el misterio de la creación. Chandler les atribuía toda la sabiduría y creía que provocaban la explosión creadora. Un día le pidieron que hablara de Philip Marlowe y prefirió que fuera Taki la que la hiciera por él. Pretendía que era la gata quien escribía sus novelas bien entrada la noche: A mí suele pasarme algo parecido.
Richard Matheson perdió todo; la casa los muebles y los premios, pero alcanzó a salvar lo esencial: esa mirada que lo sostiene por las noches, cuando la palabra no viene y la novela no avanza. Esa mirada que nos atornilla al sillón, ese ronroneo que precede a la llegada del diablo.
Poe, Lovecraft y Matheson asociaron los gatos al horror; en los dibujos animados Willam Hanna y Joe Barbera le dieron a Tom El papel de víctima y al ratón Jerry el de la picardía. El gato Félix fue un gran héroe yanqui de los años treinta, puritano y travieso. El Fritz the Cat, de Ralph Baskhi y Robert Crumb, sintetizó los eróticos y crueles años de mi juventud; apareciendo en 1968, Fritz es el primer gato de dibujo que vuelve de Vietnam, se droga, callejea de un prostíbulo a otro, fuma como un escuerzo, duerme con las mejores chicas, incluida su hermana, y termina asesinado por una gata vieja a la que había abandonado en tiempos mejores.
En cambio, Walt Disney detestaba a los gatos. Recién en 1970 se decidió a crear un personaje que, por supuesto, no le dejó éxito ni plata. Disney era uno de esos tipos que nunca se hacen querer por los gatos. Creo que fue Chandler quien lo dijo. No se si en la biografía del detective Marlowe o en la propia. Hace unos días, una investigadora que prepara un libro de reportajes a escritores argentinos nos pidió a sus entrevistados que trazáramos cada uno una breve autobiografía. ¿Como hacerlo? ¿Cómo hablar de nosotros si no sabemos quienes somos? Le dije que yo no tengo biografía. Me la van a inventar los gatos que vendrán cuando yo esté, muy orondo, sentado en el redondel de la luna.
Página 12, Domingo 28 de noviembre de 1993
"Nos despojamos de la verdad en la proporción que nos alejamos de la vida, dijo Sócrates, a punto de beber la cicuta. Todo es vanidad y una persecución tras el viento, pero esta sabiduría salomónica es difícil de aceptar. Hasta el fin soñaré con aquella que me enseñó por primera vez las posibilidades del amor romántico. Contra sus besos, Sócrates, Schopenhauer, Salomón y Sakia Muni sólo son envidiosos eunucos que han perdido el sabor de la vida."
Mi hermana y yo. Friedrich Nietzsche.
Mi hermana y yo. Friedrich Nietzsche.
